Después de que Fok me insistiera
toda la semana cada vez que me quedé a dormir en su casa, me decidí por contar un poco
quién soy yo a las personas que solamente me conocen a través del blog. Débora
Gamerro nació como tal en 1996, al momento en que me di cuenta de quién era yo
realmente, quién había nacido para ser. Lo anterior fue un camino, un recorrido
que hice y que me trajo hasta donde estoy ahora. Se podría decir que tuve dos
nacimientos, uno en 1976 y otro en el 96, pero sé que, al mismo tiempo, yo nací
de esta manera.
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Marilyn Manson circa 1996, mi
musa inspiradora |
¿Por qué 1996? Porque fue
cuando descubrí a Marilyn Manson y las posibilidades de adecuar mi identidad a
como realmente me sentía. Me sentí inmediatamente capturada e identificada con
su androginia y su monstruosidad y eso no me volvió a pasar con otro artista hasta este año
cuando Lady GaGa lanzó
Born This Way.
En el fondo siempre me sentí como Marilyn Monroe en
The Misfits (mi película favorita): un desecho de la sociedad, una
completa inadaptada. Y esto se vio acrecentado por ser hija de padres desaparecidos.
Nací despojada de una identidad y tuve que crearla por mi cuenta.
Pasé por varias
carreras universitarias, hice el CBC para Filosofía y cursé medio cuatrimestre
de Astronomía en la UNLP,
hasta que me decidí por Oceanografía en Exactas. Puede sonar aburrido, pero
siempre me sentí intrigada por el mar, por las olas, por la luna y por lo hay
en el fondo del agua. Al mismo tiempo me dediqué brevemente a la actuación en
algunas obras independientes y empecé a bailar en boliches como Ave Porco y El
dorado. En esa época fue que nos conocimos con Peter en ese casting histórico y
empezamos a hacernos cada vez más amigas (digo amigas porque, aunque usted no lo crea, señora, Peter era una señorita
en los 90, una sirena con su larga cabellera dorada).
Me recibí de
Licenciada en Oceanografía con diploma de honor y conseguí un trabajo excelente
en una empresa, pero el 2001 desbarató todos mis planes. Ese puesto (y la
empresa, al poco tiempo, también) se cayó y me encontré en medio de la nada.
Como muchas otras personas, vendí todos mis discos, cassettes, CDs, VHS, muebles, todo, TODO, y me fui para España. Lo lógico hubiera sido buscar
un trabajo dentro de mi especialidad, pero me hice amiga de otra chica trans
española que vivía en Barcelona y me consiguió trabajo en la peluquería donde
estaba ella. Nunca había cortado un solo pelo, pero les hacía unos peinados
soñados a todos mis amigos, así que empecé dedicándome a eso, a peinar novias,
chicas que cumplían años, divorciadas aburridas y mariquitas.
Al principio
extrañé muchísimo la
Argentina y a todos los que había dejado atrás y así empecé a
escribir cada vez con mayor regularidad. Todo había empezado en las trasnoches
del Ave Porco con Peter, a veces nos quedábamos en el camarín borrachas escribiendo
cadáveres exquisitos o leyendo poemas de Alejandra Pizarnik y Sylvia Plath.
Antes de irme tuve la suerte de ver la versión de Peter de “Los poseídos entre
lilas” y casi interpreté yo misma de Futerina, pero estaba a punto de recibirme y no
podía preparar finales y mi tesis y, al mismo tiempo, ensayar todos los días.
Por esas causalidades de la vida, en el 2006 me cayó a mi casa en Barcelona Germán Weissi,
un amigo de Peter que estaba de paseo por Europa. Se quedó un par de días conmigo y me contó que era editor de poesía. Le mostré mis cuadernos y quedó
flasheado. Me pidió que le mande poemas para publicar. Tardé años en animarme,
hasta que en el 2009 le mandé por correo 4 copias manuscritas de “La perdida”,
que salió publicado en el volumen 2 de Poesía Manuscrita. Como no pude venir
para la presentación, le pedí a mi amiga la Bedoya que hiciera una performance en mi nombre.
Me dijeron que fue un escándalo.
Durante todo
este tiempo pensé que nunca iba a volver a la Argentina, hasta que el
año pasado me encontré con un ex compañero de la facultad de vacaciones en
Ibiza. Me dijo que tenía que volver, que por qué no me presentaba a la beca
CONICET, que las cosas en el país habían cambiado y que podía retomar mi
brillante carrera (lo de brillante lo dijo él, eh). Al principio dudé. Lo pensé
y lo pensé, me moría de ganas de volver, de respirar de nuevo este aire
arrabalero, de pisar estas baldosas flojas con mis tacos de 15 centímetros.
Pero, al mismo tiempo, me moría de miedo. ¿Cómo volver? ¿Cómo se vuelve a un
lugar? Me presenté a la beca y seguí con mi vida como si nada y, en Marzo de
este año, en el último día del invierno, me llamaron para decirme que había
ganado. El resto de la historia lo pueden leer en este blog.